Si alguno de ustedes no encuentra la inspiración por ningún lado, le pido disculpas. Debo confesar que me la encontré el domingo 21 de septiembre de 2014 por el malecón de mi ciudad, estaba muy sonriente y distraída, no pude evitar perseguirla sin que me notara.
Cuando caminaba por una calle vacía me acerqué por detrás, no pude evitar darle un golpe en la nuca para desmayarla. La arrastré a mi calabozo privado en el sótano de mi casa y desde entonces la he tenido cautiva, ahora tengo acceso a ella cada que quiero.
Y doy gracias por ello.
lunes, 29 de septiembre de 2014
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