Hoy puedo mirar de reojo al pasado y ver que mis opiniones difieren según el tiempo, pues el tiempo le cede el paso a las cosas que ciegan nuestra percepción.
Hoy quiero confesar lo que antes dije y lo que digo ahora:
Bendita la hora en la que cruzó por primera vez el umbral de la puerta.
Maldita la hora en la que supe de su existencia.
Bendito el día en el que el río trajo con sigo su atención.
Maldito el día en el que decidí mojarme.
Bendito el momento en el que la partida de este juego comenzó.
Maldito el momento en el que las reglas cambiaron sin que me diera cuenta.
Bendita la tranquilidad bajo la noche estrellada de un día que no se olvida.
Maldita la tranquilidad con la que envié a la paloma mensajera, sin saber la desgracia que traería con sigo.
Bendito el beso de la maldad.
Maldito el beso duradero.
Malditos duendes, hijos de un pasado criminal.
Bendito par de dudas que me mantuvieron alejado del peor error.
Maldita llamada inoportuna, tan larga y vacía.
Bendito el sordo que hizo la llamada cuando yo más la necesitaba.
Maldito el rival insistente, que nunca nos dejó ser.
Bendito mi amigo, el cual inconscientemente resultó ser todo lo contrario a lo que pensé que era.
Malditos los estorbos que le bloquean el paso al deseo.
Benditas las moscas que huelen la mierda y vuelan a su al rededor.
Bendito el hubiera que no existe.
Bendita la razón pura, con un poquito de tequila.
Bendito el arte que siempre se ha robado casi toda mi atención.
Maldito el sufrimiento innecesario que sin sentido me he causado.
viernes, 5 de septiembre de 2014
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario
Deja un comentario...